Entiendo la frustración de construir algo increíble y que el mundo no lo entienda. Porque yo fui ese fundador.

A los 12 años descubrí la programación. Para mí, el código era magia pura: una forma de construir mundos desde cero usando solo lógica y teclado. A los 17, esa pasión me llevó a ganar una competencia internacional de Microsoft. Estaba convencido de que si el código era lo suficientemente bueno, el éxito estaba garantizado.
Construí startups. Tuve éxitos y cometí errores costosos. Pero el mayor aprendizaje no vino de la tecnología, sino de la fricción de intentar venderla. Me di cuenta de que hablaba un idioma que mis clientes no entendían. Describía "features" cuando ellos buscaban soluciones. Me sentía un impostor intentando usar tácticas de ventas tradicionales.
Tuve que aprender a vender solo. Y en ese proceso descubrí algo fundamental: vender bien no es manipular. Vender bien es tener la claridad absoluta del valor que aportas y comunicarlo con convicción. No tienes que dejar de ser técnico para ser un gran vendedor; tienes que usar tu mente analítica para estructurar tu comunicación.
10 años acompañando a los mejores fundadores de la región.
Speaker en Oxford University, La Sorbona y el BID.
Miembro activo de la red de CEOs más grande del mundo.
Columnista compartiendo visión sobre negocios y tecnología.
La industria de las ventas nos ha hecho creer que para cerrar negocios hay que ser extrovertido, agresivo o usar tácticas de manipulación. Eso es mentira.
Los fundadores técnicos tienen una ventaja injusta: construyeron el producto. Conocen el problema más profundamente que nadie. Solo necesitan un puente comunicacional entre su mente técnica y la mente de negocios de su cliente.
"Mi misión es darte las herramientas para que vendas siendo exactamente quien eres."